jueves, 5 de febrero de 2009

El entierro (The Burial) por Lord Byron




La fuerza del vampiro reside en el hecho de que nadie cree en su existencia.
BRAM STOKER

Tengo una especial aversión por los “vampiros”, y el poco conocimiento que de ellos poseo no me induce a divulgar sus secretos.
LORD BYRON


Theodoros P. Vryzakis, L'Arrivée de Lord Byron à Missolonghi


Lord Byron nos relata un extraño viaje hacia las ruinas de la antigua Éfeso.Tras algunos días de penosa marcha, uno de los peregrinos comienza a sentir los síntomas inminentes de la muerte; pero antes de hundirse en el olvido, alcanza a obligar a su apesadumbrado compañero a realizar una promesa muy peculiar. El Entierro es uno de los clásicos relatos góticos que han pasado a engrosar la lista de narraciones ignoradas por el público general, pero que sin duda los amantes del género gótico sabrán apreciar.


17 de junio de 1816.

En el año de 17..., después de haber meditado por algún tiempo sobre la posibilidad de viajar por países que hasta ahora los viajeros no frecuentan mucho, partí en compañía de un amigo, a quien me referiré como August Darvell.
Era unos años mayor que yo, un hombre de fortuna considerable y familia de prosapia. Ventajas que él ni devaluaba ni sobreestimaba gracias a su gran capacidad. Algunas circunstancias singulares en su historia personal lo habían convertido para mí en objeto de atención, interés y hasta de estimación, que no disminuían ni sus modales reservados ni las ocasionales muestras de angustia que a veces le acercaban a la enajenación mental.

Yo era todavía un joven y había empezado a vivir temprano; pero mi intimidad con él era reciente: asistimos a las mismas escuelas y universidad; mas su paso por ellas me había precedido, y él ya se había iniciado a fondo en lo que se ha llamado el mundo, mientras yo estaba todavía en el noviciado. Durante ese tiempo, escuché detalles en abundancia tanto de su vida pasada como de la presente y, aunque en estas narraciones había muchas e irreconciliables contradicciones, podía yo inferir que él no era un ser común, sino alguien que, aun cuando se esforzara por no ser conspicuo, seguía siendo notable.

Había trabado conocimiento con él e intenté conquistar posteriormente su amistad, pero parecía que ésta era inalcanzable; los afectos que pudiera haber sentido aparentaban para entonces o haberse extinto o concentrarse en él. Tuve suficientes oportunidades para observar que sus sentimientos eran intensos; pues aún cuando los podía controlar, le era imposible encubrirlos por completo; sin embargo, tenía la facultad de dar a una pasión la apariencia de otra, de modo que resultaba difícil definir la naturaleza de lo que sucedía en su interior; y las expresiones de su rostro podían variar con tal rapidez, aunque ligeramente, por lo que resultaba inútil tratar de escudriñar su origen.

Era manifiesto cómo lo dominaba una angustia incurable; pero nunca pude descubrir si era a causa de la ambición, el amor, el remordimiento o la pena, de uno solo o de todos estos, o sencillamente por un temperamento mórbido, semejante a una enfermedad. Existían circunstancias supuestas que habrían podido justificar su atribución a cualquiera de estas causas; pero como antes dije, éstas eran tan contrarias y contradictorias que ninguna podía considerarse definitiva.

Se supone generalmente que donde hay misterio existe también la perversidad: no sé cómo pueda ser esto, pero es un hecho que en él existía el primero aunque no podría atestiguar los alcances de la segunda —y estaba poco dispuesto, en lo que a él se refería, a creer en su existencia. Recibía mi proximidad con bastante reserva; mas yo era joven y difícil para el desaliento; y, con el tiempo, tuve éxito al entablar, hasta cierto punto, ese vínculo común y esa confianza moderada de los intereses mutuos y cotidianos que crean y cimentan la comunión de empeños, y la frecuencia de encuentros que se llama intimidad o amistad según las ideas de quienes utilizan esas palabras para su expresión.

Darvell había viajado ampliamente; me dirigí a él para que me aconsejara respecto al viaje que pretendía realizar. Era mi deseo secreto que se dejara persuadir para acompañarme; además, era una perspectiva improbable; basada en la vaga inquietud que había observado en él y a la cual daban renovada fuerza el entusiasmo que parecía sentir hacia tales temas y su aparente indiferencia por todo lo que lo rodeaba muy de cerca.

Al principio insinué mi deseo y después lo expresé abiertamente: su respuesta, aun cuando yo la esperaba en alguna medida, me dio todo el placer de una sorpresa: aceptó; y, al término de los preparativos necesarios, comenzamos nuestra travesía.

Después de viajar por varios países del sur de Europa, volvimos la atención hacia el Este, de acuerdo con nuestro destino original; y fue en nuestro recorrido a través de estas regiones que ocurrió el incidente que da ocasión a mi relato.

La complexión de Darvell, que, dada su apariencia, debía haber sido en su juventud más robusta de lo normal, estaba decayendo gradualmente desde algún tiempo atrás, sin que mediara ninguna enfermedad manifiesta: no tenía tos ni tisis; sin embargo, cada día se debilitaba más; sus hábitos eran moderados, no admitía ni se quejaba de fatiga; no obstante, era evidente que se estaba consumiendo: se volvía cada vez más y más silencioso e insomne y, por fin, se alteró de tan notable manera que mi preocupación aumentó de manera proporcional al peligro que yo consideré le amenazaba.

A nuestra llegada a Esmirna, nos habíamos propuesto ir a una excursión a las ruinas de Éfeso y Sardis, de la cual intenté disuadirlo debido a su indisposición —pero en vano: parecía existir una opresión en su mente, y una solemnidad en sus modales que no correspondían con su ansiedad para seguir con lo que yo consideraba un simple viaje de placer, totalmente inadecuado para una persona delicada; pero no me opuse más, y unos días después partimos en compañía únicamente de un guía y un cargador.

Habíamos recorrido la mitad del camino hacia los vestigios de Éfeso, dejando atrás los contornos mas fértiles de Esmirna y nos adentrábamos en esa región inhóspita y deshabitada a través de los pantanos y desfiladeros que llevan a las pocas chozas que aún subsisten sobre las destrozadas columnas de Diana —las paredes sin techo de la cristiandad expulsada y la aún más reciente pero total desolación de las mezquitas abandonadas— cuando la súbita y vertiginosa enfermedad de mi compañero nos obligó a detenernos en un cementerio turco, cuyas lápidas coronadas de turbantes eran el solo indicio de que la vida humana había morado alguna vez en ese yermo. La única caravana que vimos había quedado unas horas atrás; no se podía ver ni esperar vestigio alguno de pueblo o cabaña siquiera, y esta "ciudad de los muertos" parecía ser el único refugio para mi desafortunado amigo, quien se veía próximo a convertirse en su siguiente morador.

En esta situación, busqué por los alrededores un lugar en el que pudiera reposar con más comodidad: al contrario del aspecto usual de los cementerios mahometanos, los cipreses de éste eran escasos, esparcidos sobre toda la superficie; la mayoría de las tumbas estaban derruidas y desgastadas por los años: sobre una de las más grandes y bajo de uno de los árboles más frondosos, Darvell se apoyó, inclinándose con gran dificultad. Pidió agua. Yo dudaba que pudiéramos encontrarla, aunque me dispuse ir a buscarla a pesar de mi desaliento: pero él deseaba que yo permaneciera con él; y volviéndose hacia Suleiman, nuestro cargador, que fumaba con gran tranquilidad, le dijo:

—Suleimán, verbena su— ( o sea, trae un poco de agua) y continuó describiéndole con gran detalle el punto donde podría encontrarla. Era un pequeño pozo para camellos, algunos cientos de yardas a la derecha. El jenízaro obedeció.

Dije a Darvell:

—¿Cómo supo esto?

—Por nuestra posición— repuso —usted debe notar que el lugar estuvo habitado alguna vez y no podría haberlo estado sin manantiales. Además, ya he estado aquí antes.

—¡Usted ya ha estado aquí! ¿Como nunca me lo mencionó? Y ¿qué hacía usted en lugar semejante donde nadie puede permanecer un momento más sin pedir ayuda?

A esta pregunta no recibí respuesta alguna. Mientras tanto, Suleimán regresó con el agua y dejó al guía y a los caballos en la fuente. Parecía que al mitigar su sed Darvell revivió por un momento; y albergué la esperanza de que pudiese continuar, o por lo menos regresar, y lo exhorté a intentarlo.

Él guardó silencio. Parecía poner orden en sus pensamientos antes de esforzarse al hablar.

—Éste es el fin de mi jornada —comenzó— y de mi vida; vine hasta aquí para morir; pero tengo una súplica que hacer: una orden que dar, pues tales deben ser mis últimas palabras. ¿La cumplirá?

—Desde luego; pero tengo mejores intenciones.

—Yo no tengo esperanzas, ni deseos, sino éste: oculte mi muerte a todo ser humano.

—Espero que no se presente la ocasión; usted se recuperará y...

—¡Silencio!, así debe ser: prométalo.

—Sí.

—Júrelo por lo más— aquí pronunció un juramento de gran solemnidad.

—No hay razón para ello, yo cumpliré con su petición; y dudar de mi es...

—No puedo evitarlo, debe usted jurar.

Pronuncié el juramento y eso pareció aliviarlo. Se quitó del dedo un anillo de sello, que tenía grabados algunos caracteres arábigos, y me lo dio.

—En el noveno día del mes — continuó—, precisamente al mediodía (el mes que usted guste, pero el día debe ser ése) usted deberá arrojar este anillo a la fuentes de agua salada que alimentan la bahía de Eleusis. Al día siguiente, a la misma hora, deberá dirigirse a las ruinas del templo de Ceres y esperar una hora...

—¿Para qué?

—Ya lo verá

—¿Dice usted que el noveno día del mes?

—El noveno.

Cuando hice la observación de que el presente era el noveno día del mes, su semblante cambió e hizo pausa. Mientras estaba sentado, debilitándose visiblemente, una cigüeña con una serpiente en el pico se posó sobre una tumba cercana a nosotros; y, sin devorar su presa, daba la impresión de observarnos fijamente. No sé lo que me impulsó a espantarla, pero el intento fue inútil; hizo algunos círculos en el aire y regresó exactamente al mismo lugar. Darvell la señaló y sonrió. Habló —no sé si para sí mismo o para mí— pero las palabras sólo fueron:

—Está bien.

—¿Qué es lo que está bien? ¿Qué quiere decir?

—No importa; usted deberá enterrarme aquí esta noche, y en el punto exacto en que está parada esa ave. Ya conoce usted el resto de mis mandatos.

Entonces procedió a darme algunas instrucciones sobre cómo podría ocultar mejor su muerte. Cuando terminó, dijo:

—¿Ve usted esa ave?

—Desde luego.

—¿Y la serpiente que se retuerce en su pico?

—Sin duda: no hay nada raro en ello; es su presa natural. Pero resulta extraño que no la devore.

Se rió de una manera espectral y dijo lánguidamente:

—Todavía no es el momento.

Mientras hablaba, la cigüeña emprendió el vuelo. La seguí con los ojos un instante: no pude haber tardado más que en contar diez. Sentí aumentar el peso de Darvell, por poco que fuese, sobre mi hombro y, al volver a verlo a la cara, vi que había muerto.

Me impresionó la repentina certeza inconfundible: en pocos minutos su semblante se tornó casi negro. Hubiera podido atribuir ese cambio tan rápido a la acción de algún veneno, si no hubiera estado consciente de que no tuvo oportunidad alguna de tomarlo sin que yo me diera cuenta. El día se acercaba a su final, el cuerpo se descomponía con rapidez. No quedaba nada más que cumplir su petición. Con ayuda del yatagán de Suleimán y de mi propio sable, excavamos una tumba poco profunda en el sitio que Darvell había indicado: la tierra cedió con facilidad: tiempo atrás había recibido un ocupante mahometano.

Cavamos lo más profundo que el tiempo permitió y, arrojando la tierra seca sobre todo lo que quedaba del ser tan singular que acababa de partir, cortamos algunos bloques del césped más verde que crecía en la tierra menos desgastada que nos rodeaba y lo pusimos sobre su sepulcro.

Entre el asombro y la pena, no podía derramar una lágrima.

martes, 3 de febrero de 2009

Frases célebres de Gustave Flaubert


El futuro nos tortura, y el pasado nos encadena. He ahí por qué se nos escapa el presente.

Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra, pero que se regala.

El lenguaje humano es como una olla vieja sobre la cual marcamos toscos ritmos para que bailen los osos, mientras al mismo tiempo anhelamos producir una música que derrita las estrellas.

Creo que si miramos siempre al cielo acabaremos por tener alas.

Cuando llegamos a viejos los pequeños hábitos se vuelven grandes tiranías.

Ama el arte. De todas las mentiras es, cuando menos, la menos falaz.

El autor debe estar en su obra como Dios en el universo: presente en todas partes, pero en ninguna visible.

El estilo es la vida y la sangre del pensamiento.

El estilo, como el agua, es mejor cuanto menos sabe.

Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse, antes al contrario, la hacen más profunda.

No le demos al mundo armas contra nosotros, porque las utilizará.

A un alma se le mide por la amplitud de sus deseos, del mismo modo que se juzga de antemano una catedral por la altura de sus torres.

Tened cuidado con la tristeza. Es un vicio.

La humanidad es como es: no se trata de cambiarla, sino de conocerla.

La manera más profunda de sentir una cosa es sufrir por ella.

Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.

Ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos.

Es necesario siempre esperar cuando se esta desesperado, y dudar cuando se espera.

La mujer es un vulgar animal del que el hombre se ha formado un ideal demasiado bello.

La necesidad es un obstáculo indestructible; todo lo que sobre ella se lanza se estrella.

¡Hay tantas maneras de leer, y hace falta tanto talento para leer bien!.

La felicidad es una cosa monstruosa. Quienes la buscan encuentran su castigo.

A fin de cuentas el trabajo
es todavía el mejor medio de pasar nuestra vida.

Describir es una venganza.

La fraternidad es una de las más bellas invenciones de la hipocresía social.

La imbecilidad es una roca inexpugnable: todo el que choca contra ella se despedaza.

La melancolía no es más que un recuerdo que se ignora.

La vida
debe ser una continua educación
.

Un hombre que juzga a otro hombre es un espectáculo que me haría estallar de risa, si no me diese piedad.

No labra uno su destino
, lo aguanta.

Un amigo que muere, es algo de usted que muere.

La moda del XIX y el frufrú de las faldas




lunes, 2 de febrero de 2009

domingo, 1 de febrero de 2009

Capitulo II

¿Cómo llegó Gógol a su filosofía moralista? Con la fuerza de su intuición artística hizo saltar las fortalezas de la barbarie convertida en costumbre, de las monstruosidades cotidianas, de los crímenes usuales y de la vileza eterna, de la vileza sin fin. Todo cuanto se había formado a través de los siglos, todo cuanto la costumbre había respaldado, lo que se hallaba cubierto por el polvo de centurias y coronado con la sanción mística fue removido por Gógol, sacudido, desnudado, convertido en tema para el pensamiento y en problema para la conciencia. Y todo esto lo hizo sin que interviniera para nada la reflexión razonante y sistematizadora; su talento creador captó con las manos desnudas la realidad[13].

Cuando esta actividad “clandestina” de la conciencia fue cumplida y objetivada como verdad en una serie de figuras inmortales, esas figuras aparecieron ante el pensamiento del artista como interrogaciones objetivas de la esfinge de la vida.

¿Qué era en realidad el pensamiento de Gógol? Debemos recordar una y otra vez que Gógol vivió en una sociedad donde no existía atmósfera “intelectual” estable, cuando los problemas de la concepción laica del mundo eran aún inaccesibles a la literatura y apenas si se discutían en los círculos intelectuales. En los años veinte, siendo todavía Gógol niño, y cuando vivía en provincia, en los círculos más selectos de la “sociedad” de la capital se empezaba a forjar una concepción del mundo que podría llamarse “ideología social avanzada” en nuestro actual lenguaje publicístico. Pero a mediados del decenio, esa elaboración fue interrumpida por vía puramente mecánica. En los años treinta aparecieron de nuevo oasis de inteligencia pensante; de ahí surgieron las figuras más representativas de la fase siguiente. Pero antes de que Gógol pudiera tomar contacto con esos grupos, se hizo famoso como autor de las Veladas y entró en el círculo de Pushkin, que, por un lado, le favoreció como artista, aunque por otro fue incapaz de ampliar su horizonte social. Añadid a esto que Gógol vivió casi permanentemente fuera de Rusia desde 1838, en una existencia firmemente cerrada, a la que sólo tenían acceso algunas personas cuyas ideas carecían de cualquier elemento crítico, del que también carecía Gógol.
Extracto del mismo articulo que menciono antes. Gran parte del mismo habla de Almas muertas, y yo votaría por leerlo a continuación.

sábado, 31 de enero de 2009

Buscando, buscando....


Gógol nació el 19 de marzo de 1809. Murió el 21 de febrero de 1852. Vivió, por tanto, menos de cuarenta y tres años, mucho menos de lo que la literatura necesitaba. Pero en ese breve plazo de su desgraciada vida hizo lo inagotable. Hasta Gógol, la literatura rusa no pretendía siquiera el certificado de existencia. Desde Gógol existe. Gracias a él tiene existencia, que enlazó para siempre con la vida. Desde esta óptica fue el padre del realismo, o escuela naturalista cuyo padrino fue Belinsky.
Antes de Gógol hubo Teócritos y Aristófanes rusos, Corneilles y Racines patrios, Goethes y Shakespeares nórdicos. Pero no teníamos escritores nacionales. Ni siquiera Pushkin está libre del mimetismo, y de ahí que lo denominaran el “Byron ruso”. Pero Gógol fue sencillamente Gógol. Y después de él nuestros escritores dejaron de ser los dobles de los ingenios europeos. Tuvimos sencillamente Grigoróvich, sencillamente Turguéniev, sencillamente Gonchárov, Saltikov, Tolstoi, Dostoievski, Ostrovskv... Todos derivan genealógicamente de Gógol, fundador de la narrativa y la comedia rusas. Tras recorrer largos años de aprendizaje, de artesanía casi, nuestra “musa” presentó su producción maestra, la obra de Gógol, y entró a formar parte con pleno derecho de la familia de las literaturas europeas.
Extracto de
N. V. Gógol
Artículo publicado Por L. Trotsky el 21 de febrero de 1902 en el número 43 de la revista Vostóchnoe Obosrénie
.
Y sigue y sigue y es muy interesante, si quereis puedo ir copiando poquito a poquito para que no se haga pesado.

miércoles, 28 de enero de 2009

им обоняние, La nariz.

"La nariz" de Gogol. Ilustración: Jill Christine. Fuente: authorsden
Aún no he acabado su lectura, pero me está pareciendo soberbio este relato La Nariz, de Gogol y, la verdad, sin saber muy bien por qué, si por la imagen, la idea ó la extraña situación que sugiere el autor de esta nariz andante ó si lo que me está apasionando es su capacidad de con unos breves retazos, con unas mínimas insinuaciones provocar cascadas de representaciones/imágenes en el lector, al menos, en este caso, a mí me está pasando.
Por casualidad, como esas casualidades que pasan que nos asegura Mcorroe, resulta que Philip Roth en el año 2006 escribió una novela de título "El pecho", en la cual su reincidente personaje, David Kepesh, se despierta un día transformado en un pecho de mujer de setenta kilos de peso. Y esto lo hace Roth en alegoria a La Metamorfosis, de Kafka, y, precisamente, a La Nariz, de Gogol, "en una satírica reflexión entorno a la trivialidad y falta de sentido último de la vida en la realidad contemporánea" y ciertamente mucho de la belleza de este relato se encuentra también en su desbordante trivialidad que llega a convertirse en sumamente transcendente y por ende conemporánea.

martes, 20 de enero de 2009

El mundo editorial como business…

Tomando como base el comentario acertado de The cat sobre la literatura y sus modas, creo que hay que partir de la premisa que las editoriales son empresas y que, como tales, se mueven por una cuenta de resultados y unos éxitos editoriales con independencia del interés literario que evidentemente es uno de los pilares básicos que sobre el que se sustenta su labor.

El consumismo hace que las editoriales se muevan por modas según el interés y la motivación que el público lector pueda mostrar. Recuerdo hace años libros como La historia interminable o toda la saga del señor de los anillos, la llegada brutal de obras sobre el tema medieval, novelas de tipo histórico muchas de ellas sin el más mínimo interés o trasfondo y que, seguramente quedarán en los estantes de las librerías de muchas casas o en los puestos del mercado de Sant Antoni barcelonés o en la Cuesta de Moyano madrileña como un simple recuerdo.

En un país como España en el que la sobreabundancia de oferta editorial es brutal hay que saber muy bien separar el grano de la paja para poder quedarnos con los libros que realmente nos puedan enriquecer. No hay más que recordar todo el elenco de premios Planeta u otros que, con el devenir de los años, ya nadie recuerda.

Para finalizar, propongo un ejercicio que pienso que puede resultar más que interesante: Hagamos un viaje al futuro y pensemos en qué autores y obras perdurarán de aquí a unos años o, yendo mucho más allá, qué clásicos nos quedarán de aquí a dos o tres siglos si es que este bello planeta en el que vivimos sobrevive a la acción devastadora de la mano del hombre.

Parafraseando a uno de nuestros clásicos:

¿Qué se hizo el rey don Pérez Reverte?
La catedral del mar
¿qué se hizo?

domingo, 18 de enero de 2009




Hablabais el otro día, y yo estaba pez, de literatura chicle o rosa o no sé qué, que está en auge y no tenía ni idea de lo que era, pero como lo que está en "auge" ya se preocupan de que lo esté metiéndonoslo hasta en la sopa, para así no saber de dónde procede el “auge” del libre acontecer o de las tramas fácticas, el huevo o la gallina, pues como decía, así fue que el otro día, El País publicaba / hablaban de la literatura chick-lit, “literatura por y para chicas que arrasa desde hace una década” (¿¡¡¡que no se qué hecho yo en esta década prodigiosa que no me he enterado de !!!?) y de lo último: manfiction”, como la alternativa al chick-lit para hombres, o sea modelos básicos y hábitos para el nuevo macho literario.
Comienza el citado artículo por la pregunta ¿Leer es cosa de hembras?. Y es que parece ser que Stephen King, conocido por sus novelas de terror, preguntaba esto al hilo de las quejas de los profesionales del mundo de la edición que comentaban que la literatura para el lector masculino estaba tocada de muerte en los tiempos de la chick-lit. Y, Stephen King contraatacaba con un concepto: la MANFICTION, o sea “la literatura de consumo hecha para/a la medida del hombre moderno”, como respuesta a la crisis.
Después de haber navegado últimamente nuestro club por “folletines” del siglo XIX, folletines que surgieron quizás, también como el actual chick-lit o manfiction, ante la necesidad de las editoriales de vender, de divulgar, y además, en tiempos en los que la cultura no vivía su mejor momento, por la existencia real de problemas más acuciantes, amén de los altos índices de analfabetismo y la falta de desarrollo cultural de gran parte de la población que podrían haber echado para atrás cualquier intento de solución a los problemas de las editoras, en esos momentos, en contra cualquier estudio de mercado que hubiera negado ninguna posibilidad de solución, los folletines, las novelas por entregas, permitieron con una calidad excepcional y con bajo coste un consumo masivo que posibilitó que la literatura llegase a los sectores menos favorecidos de la sociedad; al tiempo que facilitó que los escritores se acercaran a un sector más amplio del público, colaboró en aumentar los índices de alfabetización y permitió a los editores/impresores aumentar sus ventas. O sea una solución redonda, donde todos los sectores salieron ganando, puede que en su momento fuera considerada como un género menor, pero a la vista de todos los que escribieron folletines: Arthur Conan Doyle, Charles Dickens, Honoré Balzac, Emile Zolá, Francois René Chateaubriand, Alejandro Dumas, Pérez Galdos, Flaubert, Tolstoi, Dostoievski… no sabría qué decir, pero en lo que realmente me quedo sin palabras es en que hoy, dos siglos después de esta imaginativa y productiva forma de respaldar el uso de la literatura, hoy, ese mismo problema editorial se zanja con la fórmula barata de la creación de una “literatura” de usar y tirar, una solución moderna de consumismo puro, sin un ápice de querencia hacia la cultura, hacia su arraigo o divulgación, sólo respondiendo al afán de pan para hoy, aunque signifique hambre/ignorancia para mañana y, así, con la puesta a la venta de novelas fatuas, novelas simulacro, “la ficción como prótesis de la propia feminidad o masculinidad", la lectura como experiencia de autoafirmación para sentirse más mujer o más hombre, según los modelos de mujer o de hombre que tengan mayor mercado , frivolonas y machotes tres al cuarto... así se solventa la papeleta de los problemas/necesidades de la cultura hoy, y ello, seguramente, tras muchos estudios de mercado, muchas técnicas de merchandising, de venta, marketing, publicidad, etc, , etc pero sin un ápice de alma, corazón y vida ... Alma para conquistarte, corazón para quererte y vida para vivirla junto a , … como decía el bolero y digo yo : ¿Qué estarán pensando/amando las editoriales?

jueves, 15 de enero de 2009

Prueba


He probado a colgar el video como te expliqué anoche, a ver si así sale, me he llevado una sorpresa cuando he visto lo que era, este grupo representa mucho para mi marido y para mi.

FOCUS - SYLVIA

http://www.youtube.com/watch?v=OznS7X9BOxs

miércoles, 14 de enero de 2009




El valor de la literatura


ELEGÍA PURA

Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira.

ÁNGEL GONZÁLEZ



Si el XIX suele ser considerado el siglo de la novela por excelencia, no hay exageración ni falsedad ninguna en decir que lo es mucho más del cuento, que desde sus humildes orígenes orales llegará a convertirse, a fines del ochocientos, en un molde capaz de alumbrar creaciones literalmente inolvidables. Creo que en estos momentos puede resultar interesante traer a colación la famosa sentencia del Oráculo manual y arte de prudencia del gran Baltasar Gracián cuando dice: Lo bueno, si breve, dos veces bueno…. Pienso, sin temor a equivocarme, que dicha frase se acomoda perfectamente al tipo de lecturas que nos traemos entre manos.

Siguiendo el postulado del notable aragonés, la concisión de las ideas, la precisión en el lenguaje, el dinamismo en el relato considero que deben ser características comunes en cualquier buen relato o cuento. Debemos pensar que esto no es una novela y que el autor debe plasmar en unas pocas cuartillas toda la presentación, nudo y desenlace que los antiguos esquematizaban como el ideal de toda obra literaria.

Creo que en los dos relatos de Pushkin, todas estas características se dan, dando como resultado un lenguaje brillante y una lectura fácil de un tema aparentemente de poca trascendencia. La hija del capitán nos adentra en la novela histórica, tema de gran importancia en la literatura rusa tan propensa a fortalecer los orígenes nacionales en una época como el XIX en que los nacionalismos estaban en su pleno apogeo.

El fabricante de ataúdes, me parece un delicioso relato en el que tras la invitación realizada por el zapatero al fabricante de ataúdes y, habiendo llegado este a su casa con unas copas de más, nos adentra en uno de los temas fundamentales como es el de los sueños que posteriormente sería desarrollado de forma extensa por gran cantidad de autores.

Otro punto que propongo a discusión es el de los diferentes puntos de vista en el camino que lleva hacia el arte. Lo que a uno le parece blanco a otra persona le puede resultar insufrible, aborrecible y carente por completo de interés. Las diferencias de criterios en torno a un mismo relato o una misma obra creo que nos enriquece como lectores a la hora de sacar el máximo jugo a las lecturas.

Esto lo digo por la aparente desilusión que ha supuesto la lectura de Pushkin en relación a Dostoievski. En los personajes de Pushkin no encontramos la profundidad psicológica que nos ofrecen los personajes de Dostoievski. Aquí se trata de personajes planos, breves retazos sin entrar en mayores disquisiones sobre los pensamientos e ideas que acometen a los personajes.

Pienso que el principal sello de identidad de las obras de Pushkin es la brillantez del lenguaje usando el término y el vocablo adecuado en cada momento. El dinamismo de su prosa la hace resultar amable para el lector.

La importancia de Pushkin como narrador radica en su faceta como precursor en un país en el que la literatura en lengua rusa necesitaba un impulso para poder desarrollarse debidamente. Impulso que le otorga Pushkin abandonando la escritura en francés para otorgar a la cultura, la lengua y la literatura rusa el lugar que tan enorme país merece….

Para finalizar sólo me resta decir que como primera aproximación o primera toma de contacto al relato corto o al cuento la experiencia ha resultado más que interesante pero quedan en el tintero muchos grandes autores a los que poder sondear.

martes, 13 de enero de 2009

Existir sin mañana y cegarse en la nada...

Me hacen gracia los primeros versos de tu poesía no tener un Dios, ahora que tenemos en la calle la polémica, ahora que lo tenemos hasta en la sopa... perdón, hasta en los autobuses, parece escrito justo para la situación presente. ¿Existe Dios?

Y meditando acerca de tus reflexiones sobre las novelas, Crimen y castigo y La hija del capitán, y habiendo releído un artículo mío ya trasnochado, donde hablaba de distintos tiempos, de la actualidad frente al pasado que retratan esas novelas, de distintos ritmos, de distintos lenguajes aunque, efectivamente, de los mismos problemas y quizás ahora incluso más acuciantes por ser la nuestra una sociedad más evolucionada y por ende deberíamos pretender que fuera más justa, pero creo que la evolución ha sido, solamente, material (a quien alcanza). Emocionalmente, creo que hemos hemos evolucionado muy poco. Tú, en tu artículo hablas de la esclavitud, la evidente (África, Asia...) y las esclavitudes encubiertas (el dinero, el dinero y posiblemente el dinero), no se me ocurren más, creo que es el centro de nuestras vidas. Deberíamos contratar otro autobús que diría la verdad Dios existe, es el dinero. Otro problema que compartimoscon tiempos pretéritos es el machismo, (donde es tolerable la violencia contra las mujeres si es lo justo, lo razonable). Recordad el pasaje aquel donde el personaje de Crimen y castigo se enorgullece de saber cuándo y por qué hay que pegar a la mujer. Otro problema, la pena de muerte o la falta de auxilio social, por ejemplo, en la sociedad del bienestar, y un largo etcétera que sería largo de enumerar y estoy viendo que esto va a quedar demasiado largo.


Pero lo que realmente acerca a estos autores al hombre/mujer del siglo XXI son sus problemas existenciales, su dualidad, sus problemas de ubicación en este/aquel mundo, de estos seres que somos, insignificantes, que no sabemos si podemos aspirar a piojos o a napoleones, que somos, ora auténticos napoleones, ora ínfimos mosquitos. La diferencia, posiblemente, es que ellos -escritores/napoleones piojos/gentecorriente- no tenían nuestro ritmo frenético de vida, -¿o quizás no es tan frenético y es lo que nos gusta pensar para no darnos cuenta de que solo sobrevolamos sobre nuestras vidas?-, donde no nos damos cuenta que el nuestro es un existir sin mañana y cegarse en la nada. El mañana es muy duro, ¿qué nos espera después de todo este largo/corto camino? Y no pedimos “—socorro—” porque debemos de ser los más fuertes y triunfadores y permanecer impasibles frente a la adversidad, y los otros, los pugachoves y pietors disponían de todo tiempodel mundo frente al fuego, en invierno, frente al río en primavera -esta literatura me ha enseñado que no hace tanto frío en Rusia- y podían meditar, sin ganas, solo por tener demasiado tiempo y eso les hacía más delicados, más frágiles porque siempre encontraban sus contradicciones y las del vecino, que muchas veces se ven más claramente.

lunes, 12 de enero de 2009

Mirando atrás hacia el futuro

Grito
Por Antonia Pozzi, Versión desconocida


No tener un Dios
no tener una tumba
no tener nada firme
sino sólo cosas vivas que se escapan;
existir sin ayer
existir sin mañana
y cegarse en la nada.
—socorro—
por la miseria
que no tiene fin.

De repente llega un libro a tus manos y te sorprende y no sabes exactamente porqué, porqué este sí tiene algo especial que te subyuga y emociona. Esto mismo me ha pasado con Crimen y Castigo, un libro con aires de folletín evidentes, pero qué folletín, qué gran libro. Cuando lo estás leyendo tienes la sensación y la seguridad de que tienes algo especial entre las manos, que este no es un libro cualquiera, sino una gran obra literaria y eso aún cuando puede que por lo narrado no sea extremadamente interesante, no se trate de una historia actual que te arrebate, y, como también ocurría con La montaña Mágica, porque los temas tratados en ellas se nos evidencian algo así como trasnochados, pero se encuentran escritos tan magistralmente, rozando la perfección, si no tocándola de pleno que se disfrutan sobremanera.
Pero tengo que aclarar: antes decía muy ufana y atrevida yo, que los temas tratados en ellas “se nos evidencian trasnochados”, cuando hablaba de ellas pensaba en las novelas La Montaña Mágica, en Crimen y Castigo y ahora añado La hija del Capitán y me doy a la explicación debida: A mi parecer, el estilo sencillo, cercano en el que están escritas estas grandes obras las hacen tan conmovedoras que nos asaltan directamente a los sentimientos abotagando las razones y, entonces, en un primer acercamiento a estas novelas, nos quedamos con la sensación de que nos están hablando de temas “antiguos”, que ya no van con nosotros, manidos o sobradamente trillados, y así, sin darnos a penas cuenta, podemos pensarlos como superados y sentirnos tan soberbiamente en posesión de la verdad que no entremos de lleno al fondo de las cuestiones planteadas, que, evidentemente, siguen, para pena de la humanidad y para nuestro pesar, plenamente vigentes, porque ¿acaso no siguen existiendo grandes contradicciones sociales y espirituales en nuestra época? ¿Acaso tenemos ya en nuestra sociedad soluciones efectivas a las esclavitudes sociales por motivos económicos? ¿No es cierto que muchas familias, al igual que la de Marmeladov, se hunden por dependencias al alcoholismo u otras drogas? ¿Acaso cualquier ser humano del tercer mundo agobiado por las injusticias no se sentiría plenamente identificado con las ideas que empujan a Raskolnikov al crimen? ¿Acaso Bush-Ansar no se sienten Napoleón-es? ¿Tenemos ya definitivamente claro que el humanismo nada vale contra el capitalismo ó acaso aún necesitamos de Punjachovs que no liberen de ser vasallos, de despotismos injustos, al tiempo que de jóvenes Petrushas que nos devuelvan la fresca reivindicación de los idealismos, el sentido del honor y la lealtad, así como del valor del agradecimiento? Y así muchos etcéteras, porque podríamos al calor de estos libros hablar también de la opresión de la prostitución, de los sistemas judiciales, desde las torturas (que aún hoy existen) a las penas de prisión, de las culpas y arrepentimientos, de las madres en las sombras, Puljerias Raskolnikovas que desconocen a sus hijos, ó de sorprendentes hij@s del capitán en su explosiva juventud, se podría hablar de esclavitud/es, de acoso laboral, de miserias y virtudes de la sociedad, de suicidios morales, de piojos que se sientes napoleones sobre la humanidad… y así temas y temas que podrían incluso enlazarse con el libro de Philip Roth, Pastoral Americana, respecto a qué lleva una chica nacida y arraigada como hija del sueño americano a ser ora una terrorista, ora una fanática religiosa.
Todo esto al fin es la belleza de la gran literatura que te arponea esperando respuestas o al menos la inquietud de su búsqueda.

viernes, 9 de enero de 2009

SIGUIENDO CON PUSHKIN....


EL FABRICANTE DE ATAÚDES



Los últimos enseres del fabricante de ataúdes Adrián Prójorov se cargaron sobre el coche fúnebre, y la pareja de rocines se arrastró por cuarta vez de la Basmánnaya a la Nikítinskaya, calle a la que el fabricante se trasladaba con todos los suyos. Tras cerrar la tienda, clavó a la puerta un letrero en el que se anunciaba que la casa se vendía o arrendaba, y se dirigió a pie al nuevo domicilio. Cerca ya de la casita amarilla, que desde hacía tanto había tentado su imaginación y que por fin había comprado por una respetable suma, el viejo artesano sintió con sorpresa que no había alegría en su corazón.


Al atravesar el desconocido umbral y ver el alboroto que reinaba en su nueva morada, suspiró recordando su vieja casucha donde a lo largo de dieciocho años todo se había regido por el más estricto orden; comenzó a regañar a sus dos hijas y a la sirvienta por su parsimonia, y él mismo se puso a ayudarlas.


Pronto todo estuvo en su lugar: el rincón de las imágenes con los iconos, el armario con la vajilla; la mesa, el sofá y la cama ocuparon los rincones que él les había destinado en la habitación trasera; en la cocina y el salón se pusieron los artículos del dueño de la casa: ataúdes de todos los colores y tamaños, así como armarios con sombreros, mantones y antorchas funerarias. Sobre el portón se elevó un anuncio que representaba a un corpulento Eros con una antorcha invertida en una mano, con la inscripción: «Aquí se venden y se tapizan ataúdes sencillos y pintados, se alquilan y se reparan los viejos.» Las muchachas se retiraron a su salita. Adrián recorrió su vivienda, se sentó junto a una ventana y mandó que prepararan el samovar.


El lector versado sabe bien que tanto Shakespeare como Walter Scott han mostrado a sus sepultureros como personas alegres y dadas a la broma, para así, con el contraste, sorprender nuestra imaginación. Pero en nuestro caso, por respeto a la verdad, no podemos seguir su ejemplo y nos vemos obligados a reconocer que el carácter de nuestro fabricante de ataúdes casaba por entero con su lúgubre oficio. Adrián Prójorov por lo general tenía un aire sombrío y pensativo. Sólo rompía su silencio para regañar a sus hijas cuando las encontraba de brazos cruzados mirando a los transeúntes por la ventana, o bien para pedir una suma exagerada por sus obras a los que tenían la desgracia (o la suerte, a veces) de necesitarlas.


De modo que Adrián, sentado junto a la ventana y tomándose la séptima taza de té, se hallaba sumido como de costumbre en sus tristes reflexiones. Pensaba en el aguacero que una semana atrás había sorprendido justo a las puertas de la ciudad al entierro de un brigadier retirado. Por culpa de la lluvia muchos mantos se habían encogido, y torcido muchos sombreros. Los gastos se preveían inevitables, pues las viejas reservas de prendas funerarias se le estaban quedando en un estado lamentable. Confiaba en resarcirse de las pérdidas con la vieja comerciante Triújina, que estaba al borde de la muerte desde hacía cerca de un año. Pero Triújina se estaba muriendo en Razguliái, y Prójorov temía que sus herederos, a pesar de su promesa, se ahorraran el esfuerzo de mandar a buscarlo tan lejos y se las arreglaran con la funeraria más cercana.


Estas reflexiones se vieron casualmente interrumpidas por tres golpes francmasones en la puerta.


-¿Quién hay? -preguntó Adrián.


La puerta se abrió y un hombre en quien a primera vista se podía reconocer a un alemán artesano entró en la habitación y con aspecto alegre se acercó al fabricante de ataúdes.


-Excúseme, amable vecino -dijo aquel con un acento que hasta hoy no podemos oír sin echarnos a reír-, perdone que le moleste... Quería saludarlo cuanto antes. Soy zapatero, me llamo Gotlib Schultz, y vivo al otro lado de la calle, en la casa que está frente a sus ventanas. Mañana celebro mis bodas de plata y le ruego que usted y sus hijas vengan a comer a mi casa como buenos amigos.


La invitación fue aceptada con benevolencia. El dueño de la casa rogó al zapatero que se sentara y tomara con él una taza de té, y gracias al natural abierto de Gotlib Schultz, al poco se pusieron a charlar amistosamente.


-¿Cómo le va el negocio a su merced? -preguntó Adrián.


-He-he-he -contestó Schultz-, ni mal ni bien. No puedo quejarme. Aunque, claro está, mi mercancía no es como la suya: un vivo puede pasarse sin botas, pero un muerto no puede vivir sin su ataúd.


-Tan cierto como hay Dios -observó Adrián-. Y, sin embargo, si un vivo no tiene con qué comprarse unas botas, mal que le pese, seguirá andando descalzo; en cambio, un difunto pordiosero, aunque sea de balde, se llevará su ataúd.


Así prosiguió cierto rato la charla entre ambos; al fin el zapatero se levantó y antes de despedirse del fabricante de ataúdes, le renovó su invitación.


Al día siguiente, justo a las doce, el fabricante de ataúdes y sus hijas salieron de su casa recién comprada y se dirigieron a la de su vecino. No voy a describir ni el caftán ruso de Adrián Prójorov, ni los atavíos europeos de Akulina y Daria, apartándome en este caso de la costumbre adoptada por los novelistas actuales. No me parece, sin embargo, superfluo señalar que ambas muchachas llevaban sombreritos amarillos y zapatos rojos, algo que sucedía sólo en ocasiones solemnes.


La estrecha vivienda del zapatero estaba repleta de invitados, en su mayoría alemanes artesanos con sus esposas y sus oficiales. Entre los funcionarios rusos se encontraba un guardia de garita, el finés Yurko, que, a pesar de su humilde grado, había sabido ganarse la especial benevolencia del dueño.


Había servido en este cargo de cuerpo y alma durante veinticinco años, como el cartero de Pogorelski. El incendio del año doce que destruyó la primera capital de Rusia, devoró también la garita amarilla del guardia. Pero tan pronto como fue expulsado el enemigo, en el lugar de la garita apareció una nueva, de color grisáceo, con blancas columnillas de estilo dórico, y Yurko volvió a ir y venir junto a ella con «su seguro y su coraza de arpillera». Lo conocían casi todos los alemanes que vivían cerca de la Puerta Nikitínskie, y algunos de ellos incluso habían pasado en la garita de Yurko alguna noche del domingo al lunes.


Adrián en seguida trabó relación con él, pues era persona a la que tarde o temprano podría necesitar, y en cuanto los convidados se dirigieron a la mesa, se sentaron juntos.


El señor y la señora Schultz y su hija Lotchen, una muchacha de diecisiete años, reunidos con los comensales, atendían juntos a los invitados y ayudaban a servir a la cocinera. La cerveza corría sin parar. Yurko comía por cuatro: Adrián no se quedaba atrás; sus hijas hacían remilgos; la conversación en alemán se hacía por momentos más ruidosa. De pronto, el dueño reclamó la atención de los presentes y, tras descorchar una botella lacrada, pronunció en voz alta en ruso:


-¡A la salud de mi buena Luise!


Brotó la espuma del vino achampañado. El anfitrión besó tiernamente la cara fresca de su cuarentona compañera, y los convidados bebieron ruidosamente a la salud de la buena Luise.


-¡A la salud de mis amables invitados! -proclamó el anfitrión descorchando la segunda botella.


Y los convidados se lo agradecieron vaciando de nuevo sus copas. Y uno tras otro siguieron los brindis: bebieron a la salud de cada uno de los invitados por separado, bebieron a la salud de Moscú y de una docena entera de ciudades alemanas, bebieron a la salud de todos los talleres en general y de cada uno en particular, bebieron a la salud de los maestros y de los oficiales. Adrián bebía con tesón, y se animó hasta tal punto que llegó a proponer un brindis ocurrente. De pronto uno de los invitados, un gordo panadero, levantó la copa y exclamó:


-¡A la salud de aquellos para quienes trabajamos, unserer Kundleute!


La propuesta, como todas, fue recibida con alegría y de manera unánime. Los convidados comenzaron a hacerse reverencias los unos a los otros: el sastre al zapatero, el zapatero al sastre, el panadero a ambos, todos al panadero, etcétera. Yurko, en medio de tales reverencias recíprocas, gritó dirigiéndose a su vecino:


-¿Y tú? ¡Hombre, brinda a la salud de tus muertos!


Todos se echaron a reír, pero el fabricante de ataúdes se sintió ofendido y frunció el ceño. Nadie lo había notado, los convidados siguieron bebiendo, y ya tocaban a vísperas cuando empezaron a levantarse de la mesa.


Los convidados se marcharon tarde y la mayoría achispados. El gordo panadero y el encuadernador, cuya cara parecía envuelta en encarnado codobán, llevaron del brazo a Yurko a su garita, observando en esta ocasión el proverbio ruso: «Hoy por ti, mañana por mí.» El fabricante de ataúdes llegó a casa borracho y de mal humor.


-Porque, vamos a ver -reflexionaba en voz alta-; ¿en qué es menos honesto mi oficio que el de los demás? ¡Ni que fuera yo hermano del verdugo! Y ¿de qué se ríen estos herejes? ¿O tengo yo algo de payaso de feria? Tenía ganas de invitarlos para remojar mi nueva casa, de darles un banquete por todo lo alto, ¿pero ahora?, ¡ni pensarlo! En cambio voy a llamar a aquellos para los que trabajo: a mis buenos muertos.


-¿Qué dices, hombre? -preguntó la sirvienta que en aquel momento lo estaba descalzando-. ¡Qué tonterías dices? ¡Santíguate! ¡Convidar a los muertos! ¿A quién se le ocurre?


-¡Como hay Dios que lo hago! -prosiguió Adrián-. Y mañana mismo. Mis buenos muertos, les ruego que mañana por la noche vengan a mi casa a celebrarlo, que he de agasajarles con lo mejor que tenga...


Tras estas palabras el fabricante de ataúdes se dirigió a la cama y no tardó en ponerse a roncar.


En la calle aún estaba oscuro cuando vinieron a despertarlo. La mercadera Triújina había fallecido aquella misma noche y un mensajero de su administrador había llegado a caballo para darle la noticia. El fabricante de ataúdes le dio por ello una moneda de diez kopeks para vodka, se vistió de prisa, tomó un coche y se dirigió a Razguliái.


Junto a la puerta de la casa de la difunta ya estaba la policía y, como los cuervos cuando huelen la carne muerta, deambulaban otros mercaderes. La difunta yacía sobre la mesa, amarilla como la cera, pero aún no deformada por la descomposición. A su alrededor se agolpaban parientes, vecinos y criados. Todas las ventanas estaban abiertas, las velas ardían, los sacerdotes rezaban.


Adrián se acercó al sobrino de Triújina, un joven mercader con una levita a la moda, y le informó que el féretro, las velas, el sudario y demás accesorios fúnebres llegarían al instante y en perfecto estado. El heredero le dio distraído las gracias, le dijo que no iba a regatearle el precio y que se encomendaba en todo a su honesto proceder. El fabricante, como de costumbre, juró que no le cobraría más que lo justo y, tras intercambiar una mirada significativa con el administrador, fue a disponerlo todo.


Se pasó el día entero yendo de Razguliái a la Puerta Nikítinskie y de vuelta: hacia la tarde lo tuvo listo todo y, dejando libre a su cochero, se marchó andando para su casa.


Era una noche de luna. El fabricante de ataúdes llegó felizmente hasta la Puerta Nikítinskie. Junto a la iglesia de la Ascensión le dio el alto nuestro conocido Yurko que, al reconocerlo, le deseó las buenas noches. Era tarde. El fabricante de ataúdes ya se acercaba a su casa, cuando de pronto le pareció que alguien llegaba a su puerta, la abría y desaparecía tras ella.


«¿Qué significará esto? -pensó Adrián-. ¿Quién más me necesitará? ¿No será un ladrón que se ha metido en casa? ¿O es algún amante que viene a ver a las bobas de mis hijas? ¡Lo que faltaba!»


Y el constructor de ataúdes se disponía ya a llamar en su ayuda a su amigo Yurko, cuando alguien que se acercaba a la valla y se disponía a entrar en la casa, al ver al dueño que corría hacia él, se detuvo y se quitó de la cabeza un sombrero de tres picos. A Adrián le pareció reconocer aquella cara, pero con las prisas no tuvo tiempo de observarlo como es debido.


-¿Viene usted a mi casa? -dijo jadeante Adrián-, pase, tenga la bondad.


-¡Nada de cumplidos, hombre! -contestó el otro con voz sorda-. ¡Pasa delante y enseña a los invitados el camino!


Adrián tampoco tuvo tiempo para andarse con cumplidos. La portezuela de la verja estaba abierta, se dirigió hacia la escalera, y el otro le siguió. Le pareció que por las habitaciones andaba gente.


«¡¿Qué diablos pasa?!», pensó.


Se dio prisa en entrar... y entonces se le doblaron las rodillas. La sala estaba llena de difuntos. La luna a través de la ventana iluminaba sus rostros amarillentos y azulados, las bocas hundidas, los ojos turbios y entreabiertos y las afiladas narices... Horrorizado, Adrián reconoció en ellos a las personas enterradas gracias a sus servicios, y en el huésped que había llegado con él, al brigadier enterrado durante aquel aguacero.


Todos, damas y caballeros, rodearon al fabricante de ataúdes entre reverencias y saludos; salvo uno de ellos, un pordiosero al que había dado sepultura de balde hacía poco. El difunto, cohibido y avergonzado de sus harapos, no se acercaba y se mantenía humildemente en un rincón. Todos los demás iban vestidos decorosamente: las difuntas con sus cofias y lazos, los funcionarios fallecidos, con levita, aunque con la barba sin afeitar, y los mercaderes con caftanes de día de fiesta.


-Ya lo ves, Prójorov -dijo el brigadier en nombre de toda la respetable compañía-, todos nos hemos levantado en respuesta a tu invitación; sólo se han quedado en casa los que no podían hacerlo, los que se han desmoronado ya del todo y aquellos a los que no les queda ni la piel, sólo los huesos; pero incluso entre ellos uno no lo ha podido resistir, tantas ganas tenía de venir a verte.


En este momento un pequeño esqueleto se abrió paso entre la muchedumbre y se acercó a Adrián. Su cráneo sonreía dulcemente al fabricante de ataúdes. Jirones de paño verde claro y rojo y de lienzo apolillado colgaban sobre él aquí y allá como sobre una vara, y los huesos de los pies repicaban en unas grandes botas como las manos en los morteros.


-No me has reconocido, Prójorov -dijo el esqueleto-. ¿Recuerdas al sargento retirado de la Guardia Piotr Petróvich Kurilkin, el mismo al que en el año 1799 vendiste tu primer ataúd, y además de pino en lugar del de roble?


Dichas estas palabras, el muerto le abrió sus brazos de hueso, pero Adrián, reuniendo todas sus fuerzas, lanzó un grito y le dio un empujón. Piotr Petróvich se tambaleó, cayó y todo él se derrumbó. Entre los difuntos se levantó un rumor de indignación: todos salieron en defensa del honor de su compañero y se lanzaron sobre Adrián entre insultos y amenazas. El pobre dueño, ensordecido por los gritos y casi aplastado, perdió la presencia de ánimo y, cayendo sobre los huesos del sargento retirado, se desmayó.


El sol hacía horas que iluminaba la cama en la que estaba acostado el fabricante de ataúdes. Éste por fin abrió los ojos y vio frente a él a la criada que atizaba el fuego del samovar. Adrián recordó lleno de horror los sucesos del día anterior. Triújina, el brigadier y el sargento Kurilkin aparecieron confusos en su mente. Adrián esperaba en silencio que la criada le dirigiera la palabra y le refiriese las consecuencias del episodio nocturno.


-Se te han pegado las sábanas, Adrián Prójorovich -dijo Aksinia acercándole la bata-. Te ha venido a ver tu vecino el sastre, y el de la garita ha pasado para avisarte que es el santo del comisario. Pero tú has tenido a bien seguir durmiendo y no hemos querido despertarte.


-¿Y de la difunta Triújina no ha venido nadie?


-¿Difunta? ¿Es que se ha muerto?


-¡Serás estúpida! ¿O no fuiste tú quien ayer me ayudó a preparar su entierro?


-¿Qué dices, hombre? ¿Te has vuelto loco, o es que aún no se te ha pasado la resaca? ¿Ayer qué entierro hubo? Si te pasaste todo el día de jarana en casa del alemán, volviste borracho, caíste redondo en la cama y has dormido hasta la hora que es, que ya han tocado a misa.


-¡No me digas! -exclamó con alegría el fabricante de ataúdes.


-Como lo oyes -contestó la sirvienta.


-Pues si es así, trae en seguida el té y ve a llamar a mis hijas.

lunes, 5 de enero de 2009

Puskin.... toda una incógnita para mí.

La hija del capitán:

Aunque a medida que avanza el libro me está gustando más, no he tenido la sensación de estar leyendo una obra maestra (desde mi ignoracia literaria, por supuesto), así que me intriga mucho saber por qué se le considera tan importante.

Os extraigo algunas reseñas que se pueden leer en el prólogo de la edición que estamos leyendo, y que al menos a mí, como poco, me han alentado a "investigar" algo más sobre Pushkin:
  • "En la literatura y en la cultura rusas hubo sólo un momento, un estallido en que brilló la posibilidad de un Renacimiento: la aparición de la obra de Pushkin....."
  • "Puskin, además de moldear el crisol en el que se ha forjado la lengua literaria rusa moderna, es hasta hoy el artista insuperado en la poesía y el adelantado de la primera prosa moderna rusa...."
  • "...sobre sus primeros pasos en el relato y la novela se construye la obra de Gógol, de cuyo Capote, en palabras de Dostoyevski, salieron todos los novelistas rusos del siglo pasado."
  • "Tal vez, no sea inútil recordar que las clases cultas rusas hablaban y escribían en francés [....]. Por ejemplo, sólo después de casado escribirá a su mujer en ruso [...]. Así pues, será Pushkin quien empiece a narrar en una lengua moderna de las desventuras y dichas de unos personajes rusos, propios, que se convertirán en eternos gracias a su pluma."


Podría seguir resaltando párrafos enteros en los que se habla de su grandiosidad, pero no quiero aburriros. Es en este tipo de obras en las que más noto que nos quedamos muy cortos a la hora de saber como valorar una obra y su autor....


Sin embargo, por contra, he de decir que en lo que sí que avanzamos mucho, es en la manera en que conseguimos enlazar unos autores con otros, como logramos saltar de una obra a otra a través de la búsqueda quizá por una reseña encontrada en un libro, quizá por una frase cualquiera... el caso es que acabamos descubriendo autores o libros que nunca hubieramos leído de no participar en "este nuestro club". Y como muestra un botón:


"Hoffmann, Sterne, Walter Scott, Cervantes, Shakespeare y muchos otros maestros sobrevuelan la obra de Pushkin.[...] Pushkin se prolonga en El inspector y Las almas muertas de Gógol, da vida a la lengua melódica y plástica de Turguéniev, crea los cimientos para los saltos en el vacío, para las inmersiones anímicas de Dostoievski. El viejo Tolstoi se reconciliará en Jadzhi-Murat con la transparente brevedad del maestro; el trazo preciso y magistral de Chéjov nace las finas líneas descriptivas del autor de El maestro de postas."


Me comprometo a buscar información y resumirosla el próximo miércoles sobre Hoffmann, Sterne y Walter Scott. (Si no recuerdo mal Hoffmann era un músico??).


Por último y por no agobiaros más os dejo otra anotación y ésta seguro que le gusta a The Cat:
"Aleksandr Chudakov, uno de los mejores conocedores de Antón Chéjov, [...], en el lugar donde recogía la bibliografía recomendada sobre Pushkin, tenía apuntado el consejo de Bondi: Releer a Puskin."


Hasta el miércoles.....

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Huyendo de los tópicos...



Escapando de las garras del Cuevas y reafirmando mi propia ley de paridad que significa que hoy mi Joze flirtea con las sartenes y demás cacharros, sin que se me ponga ni una pestaña tiesa de celos y sin pensar, ni por un instante, en batirme en duelo con ninguna de ellas, por mí como si se lian con todo un regimiento de cosacos que paso, paso de cofia y de cazuelas y en un impulso me arranco de las páginas de La Hija del Capitán y me lanzo al negro teclado para arrojarme con paroxismo al sumum del tipismo en su más trivial y manido tópico: DESEAROS UN FELIZ AÑO NUEVO !!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

ONE PROBLEEEEEEM!

Y el problema viene motivado porque no caí en la cuenta que el lunes, en la cena, éramos uno menos de los que seremos en la cena. Que mi compañera, a la que llamaremos la Hastaahorainvisible, también vendrá y ya le he dicho que tiene que comprar un libro. Bien, ya tenemos todos un libro comprado, y ahora toca ver la forma de repartirlo. ¿Hacemos otro sorteo, -supongo que virtual- o si teneis alguna idea la exponéis, porfa.

domingo, 21 de diciembre de 2008



Me han dicho que diga que le han dicho, que mañana dia 22 de Diciembre, dia Nacional de la Salud, se celebrará la reunión una vez más gracias la hospitalidad de la camarera enana, ya que nuestro lugar habitual estará cerrado.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Playing for change, Song around the world, Stand Be me,

La música es la llave de la paz


Playing for change, Song around the world, Stand Be me.
Playing For Change es un movimiento multimedia creado para inspirar, conectar y conseguir la paz en el mundo a través de la música?. También es el título de un documental de Mark Johnson y Jonathan Walls sobre los músicos callejeros en EE.UU, estrenado en el Festival de Sundance en 2003. En abril de este año 2008 estrenaron en el Festival de Tribeca un nuevo documental titulado ?Playing for Change: Peace Through Music?, fruto de tres años de trabajo y un viaje alrededor de todo el mundo. Un CD de música y el DVD de la pelicula saldrá a la venta en primavera de 2009 en Hear Music (la tienda de música de Starbucks). El documental ha llevado 10 años de trabajo y se han grabado dos temas en los que han participado 100 músicos de todo el mundo. Los temas son ?Stand by me? (versión del clásico de Ben E. King, sobre estas líneas) y ?One Love? (Bob Marley).

miércoles, 17 de diciembre de 2008

diez más siete

Es inevitable que con el fin de año lleguen los repasos y recapitulaciones, no voy a ser menos ahí va la mia. Acabamos y empezamos este año con
Las uvas de la ira
parecía que estabamos un poco brujos, y no quiero ser agorera, pero parece que vamos a acabar el 2008 casi igual que los protagonistas del libro, espero que el 2009 no lo acabemos como los de
Crimen y castigo
Para refrescaros un poco la memoria y utilizando la mia (a lo mejor confío demasiado en ella) paso a enumerar nuestros libros de este año.
Las uvas de la ira de Steinbeck
Desgracia de Coetzee
El Gran Gastby de Scot Fitgerald
Tumbuctú de Paul Auster
Los detectives salvajes de Bolaño
Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz
Santuario de Faulkner
Manhattan Transfer de John Dos Passos
El corazón es un cazador solitario de Carson Mccullers
Pastoral americana de Philip Roth
Crimen y castigo de Dostoievski
No está mal ¿eh?, así visto parece el año en el que vivimos en América, parece que el próximo va a ser el de Rusia, seguro que es igual de productivo.

La Camarrrerra de mi amorrr............

domingo, 14 de diciembre de 2008

PALABRAS.

Me encantan vuestros comentarios y hecho de menos que no escribáis más a menudo.Disfruto lo indecible leyendo vuestras cosas.

Cada día entro en el blog con la esperanza de encontrar algo nuevo, artículos llenos de palabras y sensaciones.

Cada día busco encontrarme con la rotundidad de McCorroe, con sus palabras tan primarias y tan apasionadas.

Quiero encontrarme de frente con los artículos inteligentes y las sabias palabras de Mdelate, buscadora infatigable.

Saborear la dulces palabras siempre bien hiladas de The Cat, poetisa en nuestro blog.

Ansío tropezarme con las escasas palabras de Thelma, siempre tan concisa.

Busco la amabilidad de las palabras de Tronky, siempre tan gratas.

Quiero encontrarme con las palabras nuevas y bienvenidas de King Crimson.

Hecho de menos los artículos siempre frescos del coyote, sus comentarios siempre novedosos y llenos de imaginación.Hecho de menos su liviana forma de escribir.

Así que por favor seguid escribiendo, derramaos sobre el teclado y no me dejéis sin vuestras palabras.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Lugar de cena

Creo que la cena podía ser en L'Abadia..., un sitio que casi todos conocemos, que creo que el ambiente es muy acogedor, que hay un reservado y que quizás, con un poco de suerte, consigamos, que se come bien, que no está mal de precio, donde podemos aparcar porque disponemos de varias plazas de parking... En fin, toda una serie de comodidades que hacen de él el colmo de la perfección.

martes, 9 de diciembre de 2008


"Mi lucha"

Cuánto tiempo he sentido pasar al verme nombrada en estas páginas. The Cat, dijo y dije, hablé por escrito, hace tanto que no digo que se me viene una añoranza entrañable y demasiado lejana.
No sé porqué, qué pasó, se me secó la voz escrita y los pensamientos se me aturrullan sin encontrar caminos y siento la soledad del mudo que con ojos grandes nos mira. Veo pasar las hojas del blog y tengo nostalgia y miedo, nostalgia y vacio ante el precipicio del papel blanco. Y me agobia el deseo y me espanta el tiempo, el tiempo de pararse a sentir las cosas que se sienten y el tiempo de pararse a hablar las palabras que no tienen sonido, pero que armazonan los estremecimientos y entonces quisiera de nuevo encontrar caminos, palabras que traduzcan suspiros, como en una perfecta ficha de cata de vinos, que me ayudara a traspasar las sutilezas de los sabores que emanan los libros y transcender el: ¡Huy, qué bonito!

domingo, 7 de diciembre de 2008

Los milagros de internet y san Google


Me asomo a nuestro blog siempre con la esperanza (infundada) de encontrarme con algo nuevo, sigo viendo el mismo de nuevo por aqui, me asomo a Feedjit que siempre me provoca curiosidad como llega gente de todo el mundo hasta nuestra humilde morada, veo unas cuantas entradas desde Tel-Aviv, entro y veo que han llegado a nosotros buscando a Viviane Nathan que aparece a través de un articulo de The cat sobre Tumbuctú y Paul Auster no veo la conexión por lo que entro en dicho articulo, veo en los comentarios que otra vez The cat nos pone un poema y esta vez sí aparece Viviane Nathan como autora de tal poema, sigo viendo los comentarios y el último de ayer dia 6 es de la propia autora dando las gracias por publicar un poema suyo. Entonces mi curiosidad ha sido tal, (he de decir que estoy haciendo paella y casi se me quema)que he buscado información sobre la autora, no hay mucha pero parece ser que es nacidad en Montevideo pero Wikipedia por ejemplo la ubica en la poesia Panameña.

lunes, 1 de diciembre de 2008

De nuevo por aquí

Hola a todos,

se me hace extraño volver a escribir en este blog, pero supongo que todo es empezar...

El motivo de que me decida a pasarme por aquí es que tengo alguna pregunta que formularos, vereis, en el capítulo V de la tercera parte, aparecen dos personajes que no recuerdo quienes son. A ver si podeis ayudarme:

--> Porfiri Petróvich: No consigo recordar quién es realmente, en qué momento aparece en escena y cuando se dice que es familiar de Razumijin

--> Zamiótov: Idem de lo mismo, ¿quién co.. es?

Al principio creía que me aclaraba con los personajes, pero ahora con tanto personaje y variaciones de un mismo nombre me estoy haciendo un lío. Por mucho que vuelvo a capítulos anteriores, no consigo encontrar donde aparecen por primera vez, y donde se explica quién es quién.

Bueno chicas, si podeis ayudarme encantada y si no ¡hasta el próximo miércoles!

lunes, 24 de noviembre de 2008

Del realismo al absurdo

Ya estoy a vuestra altura, ya os he alcanzado, ya podeis hablar de cartas de madres, de hermanas con novio, de novios de hermanas, de asesinatos, de crímenes, de culpa, de arrepentimiento, de hachas, de robos sin robar, de envidias, de conciencias, de amigos, de pobreza, de calor, de ríos, de vodka, de ríos de vodka, de andrajos, de miseria, de cuánta miseria y cuánta culpa tiene en todo esto...

Pero también podéis hablarme de perplejidad, de entender y no entender (la novela se entiende), de disfrutar y avanzar, de penar junto con al protagonista, pero de penar con el escritor. Su forma de escribir -de Fedor Dostoyeski- tan intensa, tan pasional, tan grandilocuente, (al hablar de las bajas -sobre todo- pasiones) que se me hace tan remota que a veces, se me hace irreal, se me hace surrealista, tan surrealista que se acerca, incluso, al teatro del obsurdo.

Entendámonos, con todo y con esto no estoy diciendo que no sea una de las mejores novelas rusas y posiblemente de la literatura toda, pero es que del mundo de Crimen y Castigo al nuestro, a la literatura de hoy hay unos cuantos pasos. No estoy diciendo, para nada que no la esté disfrutando, pero hay veces, que de verdad, tengo que hacer un esfuerzo para no pensar que estoy en el camarote de los Marx.

martes, 18 de noviembre de 2008

Cadence and Cascade - King Crimson

¿Vale este video para una más que necesaria reconciliación? ¡No puedo borrar los mcomentarios!

lunes, 10 de noviembre de 2008

SE BUSCA LIDER ESPIRITUAL



En la busqueda de la verdad literaria he entrado en contacto con un profesor de literatura, experto en concreto en la rusa y habló diciendo:

"Me asombra que hayáis leído Rudin, que no es un texto demasiado conocido, aunque sí importante.
Creo que debéis seguir una línea cronológica, desde el romanticismo de Pushkin (Eugenio Oneguin, por ejemplo) y Lermontov (El héroe de nuestro tiempo), y luego meteros con Gogol (Los relatos de San Petersburgo, y si os atrevéis Almas muertas). Toda nuestra literatura confesó, creo que fue Dostoyevski, sale de El capote, de Gogol –uno de sus relatos. Más tarde ya, vía Turgueniev y Dostoyevski, tendríais que llegar a Tolstoi y Chejov. Una cosecha inmejorable."
Además me pasó una cuadro de Cronología de la gran literatura rusa del XIX que llevaré a la próxima reunión. Quizás desde esta base se podría, ayudándonos de alguna enciclopedia de literatura o incluso, simplemente, de algún libro de texto de bachillerato elaborar una buena base desde la que partir en busca del camino ... y no el del Balaguer, tan de moda de nuevo.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Calendario


El miércoles, si no hay más novedad, la reunión será en el Club. a las 9,30.
Ir quedando las unas con los otros y viceversa.

miércoles, 29 de octubre de 2008

La novela que yo he visto


Dadas las circunstancias que nos vuelven a obligar a descombocar la reunión, y que por supuesto huelga decir lo que espero y deseo al respecto, digo, ya que no nos reunimos voy a aprovechar el tiempo y recuperar la antigua tarea de expresar, si soy capaz, mis emociones post Pastoral americana.
Acabo de acabar, valga la redundancia, de leer la última página y a lo mejor es demasiado pronto porque todavia no ha madurado en mi cabeza, pero así en caliente me parece una novela redonda, perfecta. Ya dije al principio que me daba mucho pudor decir algo sobre Philip Roth y su obra, porque ya hay mucho dicho y escrito, pero tengo que repetir que hacia tiempo que no leia una novela tan redonda, tan perfecta. Perfecta en su narración, en sus descripciones como decia Tronky, pero creo que describe tan bien el alma humana que todo lo demás se diluye.
Deja un montón de frentes abiertos sobre los que meditar, por una parte la demolición del sueño americano y todo lo que representa, lo que significa para el americano medio la familia, la politica, la religión, el gran drama de la guerra de Vietnam tan presente en su cine y su literatura, pero sobre todo lo que más me ha impresionado
es el desgarro de unos padres ante una hija con su individualidad y su persona y su forma de ver la vida, que en este caso es extravagante, por llamarla de un manera suave pero que en cualquier caso es su vida y no tenemos la llave para meternos en ella, como veis sin darme cuenta estoy personalizando. Por otro lado está la relación del Sueco con su mujer,con sus padres, lo que se esfuerza el pobre para al final no llegar a ningún sitio. Hay un párrafo muy esclarecedor de lo que intento decir
...Penetrar en el interior del prójimo era una habilidad o capacidad que el Sueco no poseia. No tenia lacombinación de esa cerradura. A quien presentaba los signos de la bondad lo tomaba por bueno; a quien presentaba los de la lealtad lo tomaba por leal; a quien presentaba los de la inteligencia lo tomaba por inteligente. Y por eso no había logrado ver en el interior de su hija , de su esposa, de la única amante que había tenido, y probablemente ni siquiera había empezado a ver en su propio interior
.
Bueno, que me ha gustado tanto que mientras empezamos Crimen y castigo, voy a repetir autor y voy a leer Elegía que es cortito y me dará tiempo.
Mucha fuerza a mi amiga Pilar.

lunes, 27 de octubre de 2008

Cambio de Planes

Debido a problemas ajenos a nuestra empresa , la próxima reunión será en mi casa.
Como siempre seréis bienvenidos.

sábado, 25 de octubre de 2008

Que despiste


La mona de abajo, me recuerda a alguien pero ahora mismo no caigo

¡Qué bello es vivir!


Para mona la mía, que desde luego la tuya no vale nada.

viernes, 24 de octubre de 2008

Gente de primera

Hemos ampliado el negocio con gente de primera. Una gente, masculina (eso está bien), Carlos, para más señas, todavía sin alías y que parece dispuesto a colaborar, con predisposición a escuchar a un clan que a veces, (y digo a veces) debemos de parecer un poco majaderas. Creo que siempre he dado la bienvenida a todos los socios nuevos, pues de igual manera quiero saludar a Carlos. De los demás, para qué hablar… unos son viejos, los otros escritores, los otros quieren un nuevo foro... Acabo de leer su correo y no sé, casi me emociona su rápida implicación, tiene algo de nacimiento, algo de buenos aromas.
En fin, bienvenido, bien hallado, Carlos, ojala, tu estancia, corta o larga, sea todo lo grata que todos deseamos.
En cuanto a las ideas que aporta van todas en la linea que nosotras tenemos fijada, y me parece bien lo de documentarse más en serio, como hacíamos antes. El problema, como siempre va a ser el tiempo.
De todas formas, chicas, espero que le deis la bienvenida como se merece, que cuando asome por aquí descubra cienes y cienes de bienvenidas y achuchones literarios y una montaña de imaginación y de proyectos ilusionados y nuevos.

jueves, 23 de octubre de 2008

no puedo publicar?

jueves, 16 de octubre de 2008

The cat "La telefonista eficiente"


Ring,ring.................
Hola, sí,sí aqui es, no cuelgue por favor que ahora mismo le atiendo.
Aló, un momento por favor.........
¿Que tal?, por favor uno detrás del otro que la centralita me echa humo........


Así es como te imagino en estos momentos, como la telefonista trabajadora y solicita atendiendo a todas las peticiones.

martes, 14 de octubre de 2008

Reunión de reuniones

Mañana la reunión, al final, será en casa de la Camarera Enana debido a que no hemos concretado lo de la asistenia de los nuevos fichajes, y dado que hay más candidatos, definir nuestra ideología, ver nuevas vías, siguientes lecturas... lo que es un plan de ataque en toda regla.
No faltéis, mañana es una reunión crucial. No digais que no os he avisado.

lunes, 13 de octubre de 2008

Algo rápido, de Benedetti, sólo por cambiar de color...


HASTA MAÑANA
Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte que es su pobre dueño,
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño ,
que a Dios invoco,
pero no le pido nada,
con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido
por las malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado
no es el mismo que este mundo de muerte a manos llenas?
Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.
No me lo digan cuando me despierte.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un poquito de "WIKI" sobre la Guerra de Vietnam y Angela Davis


La Guerra de Vietnam, llamada también Segunda Guerra de Indochina, fue un conflicto bélico que enfrentó entre 1958 y 1975 a los estados de Vietnam del Sur, apoyados por el intervencionismo de la Doctrina Truman de los Estados Unidos, hasta su retirada en 1973, y Vietnam del Norte, apoyado por el bloque comunista, en el contexto general de la Guerra Fría.

Las facciones en conflicto fueron, por un lado la República Democrática de Vietnam con el apoyo de movimientos guerrilleros norvietnamitas como el Viet Cong o Frente de Liberación Nacional (NLF, por sus siglas en inglés) y de suministros soviéticos y chinos. Por el otro lado, la República de Vietnam con el apoyo militar y logístico de los Estados Unidos. En ayuda de los estadounidenses también participaron tropas de combate de Australia, Corea del Sur, Filipinas, Nueva Zelanda y Tailandia. Otros países como Alemania, Irán, Marruecos, Reino Unido y Suiza contribuyeron con suministros materiales y equipamiento médico. Contingentes testimoniales en apoyo de los EE.UU. fueron enviados por Taiwán y España, que movilizó a un reducido grupo de médicos militares en misión sanitaria.

Ante la contestación y división de la sociedad estadounidense, los acuerdos de paz de París en 1973 supusieron la retirada de las tropas estadounidenses y el cese de su intervención directa, pero no lograron poner fin al conflicto. Este prosiguió hasta que, en 1975, tras la toma de Saigón, se forzó la rendición incondicional de las tropas sudvietnamitas y la unificación del país, bajo el control del gobierno comunista de Vietnam del Norte, con el nombre de la República Socialista de Vietnam, el 2 de julio de 1976.

La guerra habría causado la muerte, según el gobierno de Hanoi, de entre 2 y 5,7 millones de personas, la mayoría de las cuales civiles, y graves daños medioambientales.

Para los EE.U.U., el conflicto resultó ser la confrontación más larga en la que se han visto envueltos. Surgió el sentimiento de derrota o “Síndrome de Vietnam” en muchos ciudadanos, lo que se vio reflejado en el mundo cultural y la industria cinematográfica, así como en un repliegue de la política exterior hasta la elección de Ronald Reagan en 1980.
Angela Davis:
Angela Yvonne Davis (Birmingham, Alabama, Estados Unidos, 26 de enero de 1944) es una política marxista y activista afromericana.

En 1969 fue expulsada de la Universidad de California, donde impartía clases de filosofía como profesora auxiliar (habiendo sido alumna de Herbert Marcuse) al descubrirse su afiliación al Partido Comunista de Estados Unidos.

Estuvo relacionada con el partido político de las Panteras Negras. Involucrada en el caso de "Los hermanos de Soledad", por el cual fue acusada de asesinato y secuestro en 1972. Este caso alcanzó repercusión mundial, lo que impidió su condena. Quedó absuelta en 1973.

En 1974 pasó a formar parte del Comité Central del Partido Comunista. En 1976, tras publicar su autobiografía, regresó a la enseñanza.

Años más tarde, en 1984, presentó su candidatura a la vicepresidencia de su país.

No sé hasta que página habreis leido, por lo tanto no sé si sabeis a que viene esto de la Angela Davis, si habeis llegado más o menos a la 200 lo entendereis

Viene a cuento