
El invierno estaba a punto de salir de cuentas, estaba hinchado y pesado y en su afán de parir la primavera, rompía aguas y con cada contracción soltaba los últimos fríos. Así y todo la noche era igual de buena para celebrar la cena del trimestre, se había elegido el restaurante con la condición de que nos instalaran en un reservado puesto que éramos "un grupo de tal" y necesitábamos cierta intimidad para nuestros propósitos que no eran otros que, comentar, compartir, leer, el libro que llevábamos entre manos en esos momentos, y eso es raro y necesita de cierta intimidad. Bueno, pues con esas nos presentamos y ¡oh, surprise No hay reservado!, siempre hay categorías y había quien lo merecía más que nuestro "grupo de tal". Tras un momento de tensión y protestas y por iniciativa de la solícita camarera, apareció cargada con El biombo.
El biombo tenía carácter de biombo que para el que no lo sepa suelen ser bastante reservados y discretos, gustan de tapar lo que no se quiere que se vea y jamás irían a un plató a contar las intimidades de sus protegidos. Este, además venia decorado con escenas parisinas,- el arco de triunfo y la torre eiffel, que aprovecho para decir para mi que tienen un affaire-, eran lo que lo distinguía del resto de los biombos porqué sino serían todos iguales.
Allí impertérrito, y cual guardaespaldas (así lo sentía yo) nos separaba del resto de las mesas, aguantó la velada sin hacer comentarios a nuestros comentarios sin reírse, aunque a veces tuvo ganas, vamos sin rechistar, como debe ser.
La cena se alargaba demasiado, en absoluto por culpa nuestra, pero así fue. Sin que nadie se diera cuenta El biombo, nuestro biombo, ya no aguantaba más de pie y se iba poniendo pálido y le corrían sudores fríos par les champs elisées, así que, de repente se desmayó y cayó todo lo largo que era sobre la mesa de detrás, afortunadamente el destino quiso que ya estuviera vacía. Los gritos precedieron a un silencio que no era normal, nadie hizo el menor comentario ni se preocupó por el estado de nuestro protector,después de una pequeñisima algarabía fue retirado y no supimos cual fue su fín. Pobre biombo, se me ha quedado grabado a fuego, jamás podré olvidarlo y mostrar la gratitud que se merecía. Pensad un ratito en Él,¿a qué, ya se os habia olvidado? ¿alguien se dió cuenta de lo bonito que era, y de lo bien que cumplió su función?. Ingratas.







