Algo más sobre Bolaño, Amos Oz y la cata de melones
Al buscar la explicación del cuadro "Desnudo bajando una escalera" de Marcel Duchamp con el que el pintor pretendía pintar el tiempo, también encontré una página, que como no guardé en favoritos, no sé dónde andará, que hablaba del tiempo como algo existente por sí mismo, para explicarlo hablaba de algo parecido a que cuando te regalan un reloj no es lo que parece, sino, que se hace de tí el regalo para el reloj, tú eres elegido, tú eres el regalado, en una especie de alteración de la realidad y todo llevaba a un filósofo actual, un tal: Deleuze que, además de hablar del tiempo como una cadena de sucesos que lo constituyen cuando los momentos del presente pasan (que por cierto coincide con la estructura en que se organiza lo narrado Los detectives Salvajes) , bueno, pues además, hablaba de la represión que ejercía (ejerce?) la filosofía en la historia en la medida en que había que “hacer historia” ó hablar de ella siempre partiendo de unos conocimientos previos de aquélla, de la filosofía; o sea, había que ser ducho en la materia para atreverse a emitir nuevos argumentos y así muchos no consiguieron liberarse, no pudieron huir de esta opresión-represión no consiguieron evadirse y atreverse con caminos nuevos; así que, precisamente esa falta de una base de conocimientos más amplía, que a nosotras, en este club de lectura, se nos aparece como un handicap sería más bien una cualidad positiva que nos aporta la capacidad de acercarnos a los libros y sus contenidos con total integridad y honestidad.
Después seguía hablando de otros autores (Lucrecio, Hume, Spinoza -precisamente de éste habla bastante Amos Oz- o Nietzsche) que sí se atrevieron y así inventaron reglas nuevas, modos diferente en una especie de subversión del saber establecido y esto viene a cuento de la también subversión, de los contrasentidos de que habla Mcorroe (narcisismo contra cutrerio) y de la intrínseca subversión de la novela de Bolaño, tanto por su contenido, que va contra las corrientes establecidas, como por la forma de narrar. La novela de Bolaño funciona con reglas nuevas, distintas, se acerca por la espalda al lector y lo pilla desprevenido, sin cuadrículas donde ubicar lo que está pasando y eso es bueno, si éste, el lector, no se siente simplemente sodomizado y dando un paso más allá se encuentra de cara con la libertad de algo diferente, desconocido y por tanto interpretable con sus propias reglas
Seguía hablando el filósofo Deleuze de las maneras de leer un libro y pasaba por considerar un libro como una máquina asignificante cuyo único problema es si funciona y cómo funciona o simplemente: ¿cómo funciona para ti? Tan simple como eso. Si no funciona, si no tiene ningún efecto, pruebas a escoger otro libro. Compara la lectura de un libro con la corriente eléctrica que establece conexión o no; y, si existe conexión, además ésta puede ser de mayor o menor intensidad/voltaje.
El libro de Amos Oz, Una historia de amor y oscuridad, quizás, de momento, no es de un voltaje como para fundirnos los plomos pero tiene chispazos de gran intensidad.







Un sendero de plástico brillante.
























